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Inside the Global Boost Awards: el movimiento que une cine, inteligencia artificial y marcas con propósito

Inside the Global Boost Awards: el movimiento que une cine, inteligencia artificial y marcas con propósito

Concebido por la productora y CEO Sonia Boost, en la intersección entre Cannes y Hollywood, una nueva iniciativa editorial está redefiniendo lo que significa influir en la cultura contemporánea. Esta es la historia del movimiento que ya está cambiando las reglas.

Hay momentos en los que una industria entera empieza a desplazarse al mismo tiempo. No con un anuncio, ni con un manifiesto firmado en una sala de prensa, sino con una serie de pequeñas señales que, miradas en conjunto, dibujan un nuevo paisaje. Eso es exactamente lo que está ocurriendo en la frontera entre cine, tecnología y marcas con propósito. Y ese desplazamiento tiene, desde hace pocos meses, un nombre propio: Global Boost Awards.

Concebidos como un movimiento internacional más que como un certamen tradicional, los Global Boost Awards no nacen para premiar lo que ya existe. Nacen para identificar, visibilizar e impulsar lo que está empezando a existir. Su tesis es sencilla y, al mismo tiempo, profundamente disruptiva: el siglo XXI no será definido por las marcas que más griten ni por las películas con mayores presupuestos, sino por aquellas obras, productoras, marcas y creadores capaces de unir tres fuerzas que, hasta ahora, rara vez convivían en el mismo escenario: el cine internacional, la inteligencia artificial aplicada al storytelling y las marcas con propósito cultural real.

Es, en otras palabras, la primera plataforma global pensada para premiar lo que aquí en La Croisette llamamos “the new era of influence”.

La visión de Sonia Boost

Detrás de cada movimiento cultural relevante hay siempre una mirada que llega antes que el resto. En el caso de los Global Boost Awards, esa mirada pertenece a Sonia Boost, productora cinematográfica y empresaria internacional, dos veces reconocida por Forbes en 2023, y actualmente CEO de un ecosistema empresarial que une cine, inteligencia artificial, marcas e impacto humano.

Su trayectoria explica buena parte del ADN del movimiento. Boost ha construido durante los últimos años una plataforma poco común en el panorama internacional: un ecosistema capaz de operar simultáneamente en los terrenos de la producción cinematográfica, la consultoría de marca y la innovación con IA aplicada al storytelling. Esa combinación de territorios —tradicionalmente desconectados— le ha dado una perspectiva privilegiada para detectar lo que ella misma describe como “el momento de cambio cultural más importante desde la llegada del cine sonoro”.

Los Global Boost Awards son la traducción pública de esa lectura. Su impulso, su filosofía editorial y su estructura curatorial responden a una convicción personal de Boost que recorre toda su carrera: que la influencia real, la que deja huella, nace siempre del cruce entre disciplinas, no del refugio en una sola.

Un puente entre Cannes y Hollywood

Lo que distingue a los Global Boost Awards desde su concepción no es solamente lo que reconocen, sino dónde lo hacen. La iniciativa se ha estructurado como un movimiento itinerante con presencia en los dos epicentros culturales del cine global: la Riviera francesa, alrededor del Festival de Cannes, y Hollywood, en torno al ecosistema audiovisual norteamericano.

Esa decisión geográfica no es casual. Cannes representa la tradición, el rigor curatorial, la mirada europea sobre el cine como arte. Hollywood representa la escala, la industria, la maquinaria narrativa que sigue moldeando el imaginario colectivo. Durante décadas, ambos universos se observaron mutuamente con una mezcla de admiración y sospecha. Los Global Boost Awards proponen, por primera vez de forma sistemática, construir un puente editorial real entre ellos. No para fusionarlos, sino para hacer dialogar a los creadores que ya operan en ambos.

A esa conversación se suma un tercer eje, decisivo: la inteligencia artificial como instrumento creativo. Lejos del ruido apocalíptico que ha dominado buena parte del debate público, el movimiento parte de una premisa más serena y, posiblemente, más ambiciosa: la IA no es una amenaza para el cine, es su nuevo instrumento. Y como todo instrumento nuevo en la historia del arte —del óleo al cinematógrafo, del sonido sincrónico al digital—, será juzgada no por su existencia sino por la calidad de las obras que produzca.

La filosofía detrás del movimiento

Bajo la dirección de Sonia Boost y con el respaldo editorial de La Croisette, el movimiento se articula sobre una convicción clara: la influencia contemporánea ya no se mide en métricas frías de alcance, sino en profundidad de atención, longevidad cultural y capacidad de mover algo dentro de quien recibe la obra. Es una filosofía coherente con la trayectoria de Boost, que ha hecho del impacto humano —ese término que tantas veces se usa con ligereza y que ella reivindica con rigor— el eje vertebrador de todo lo que produce.

Esa filosofía se traduce en criterios de selección que se alejan deliberadamente de los rankings convencionales. Aquí no se premia el mayor presupuesto, ni la mayor audiencia, ni el algoritmo más viral. Se premia, en palabras del comité editorial, “la obra que hace que el espectador, una semana después, todavía recuerde dónde estaba sentado cuando la vio“.

Tres territorios, una misma mirada

Aunque las categorías definitivas se desvelarán en las próximas semanas, los Global Boost Awards se articulan en torno a tres grandes territorios editoriales que reflejan la triple identidad del movimiento.

El primero es Cinema — el reconocimiento al cine internacional contemporáneo en todas sus formas, desde el largometraje de autor hasta el documental, pasando por las nuevas formas narrativas surgidas en plataformas. El segundo es AI & Storytelling — la categoría que distingue el uso pionero de la inteligencia artificial como instrumento al servicio de la narrativa, no como sustituto de ella. Y el tercero es Brands with Purpose — el galardón a las marcas que, en lugar de patrocinar cultura, están produciendo cultura: las casas que han entendido que el siglo XXI exige otro tipo de presencia, más editorial, más cinematográfica, más profunda.

Cada uno de estos territorios cuenta con su propio comité curatorial y sus propios criterios, pero todos comparten un mismo punto de partida: el reconocimiento de que estamos ante un cambio de época, y que las herramientas, los lenguajes y las jerarquías del siglo XX ya no bastan para explicarlo.

Una gala, un movimiento

La edición inaugural está siendo concebida no como un evento aislado, sino como el primer capítulo público de un movimiento más amplio, con presencia anual en Cannes y, próximamente, en Berlinale y Los Ángeles. La gala combinará proyecciones, conversaciones con figuras internacionales del cine y la cultura, y una entrega de premios diseñada con la misma sensibilidad estética que define a la propia revista: cinematográfica, sobria, internacional.

El formato exacto, los nombres del jurado y el calendario completo se irán desvelando en los próximos meses a través de las páginas de La Croisette, que cubrirá el movimiento desde dentro como parte de su línea editorial dedicada al ecosistema Cannes-Hollywood.

Por qué importa

En un momento en el que la cultura global parece debatirse entre el ruido permanente y la nostalgia de épocas más reposadas, los Global Boost Awards proponen algo distinto: una pausa editorial. Un espacio donde el cine, la inteligencia y el propósito puedan encontrarse sin disculparse por convivir. Un movimiento que no pretende sustituir a los grandes festivales ni competir con las academias tradicionales, sino ocupar un espacio que hasta ahora estaba vacío: el de la nueva era de influencia cultural, donde la línea entre quien produce cine, quien construye marca y quien empuja la tecnología es cada vez más fina.

No son unos premios más. Son, si la lectura editorial de La Croisette es acertada, el primer movimiento internacional pensado expresamente para la próxima década del cine y la cultura. Y son, también, la consecuencia natural de la mirada de una empresaria que lleva años convencida de que cine, inteligencia y propósito son tres palabras destinadas a encontrarse.

Comienzan, como casi todo lo que termina importando en esta industria, en la Croisette.

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